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Holy, la del culo polvoriento.

Hoy parece que llueve pero no es verdad. Lo parece por las prisas de la gente, pasos atropellados, la calidad sucia del cielo… Por el mar. El mar está gris, parece que llueve… Pero no llueve. Debería llover, es lo suyo. Me quedo sentado, muy quito, en el banco de piedra del paseo marítimo. Espero que venga la lluvia. Pero, por más que espero, no viene.

Tiene que venir la lluvia para que después pueda irse y se despeje un poco el cielo encapotado por las nubes. Tampoco del todo, no hay que pedir imposibles. Pero un poco, solo lo justo como para poder trabajar. Los meses de verano son los mejores. Pero es Julio y el cielo está gris. Los turistas llevan un mohín de desagrado en sus caras. Son gestos de lluvia. Así no se puede trabajar.

Miro de nuevo al cielo esperando esa gota que rompa el silencio tenso del cielo. No llega, no viene, permanece mudo. Veo un grupo, evidente, de viajeros. Soy un experto en eso de descubrir gente de vacaciones por su manera de caminar, mirar, hablar…

Cuando llegan a mi altura reconozco su acento: Son andaluces. Saboreo la presa fácil. Un grupo del sur puede hacerte el día y, si te sale bien, te rescata la semana. Pero no puedo trabajar y estoy molesto.

Hace 10 minutos que Miguel debería haber llegado. Me cae bien, es un buen tipo. Es difícil que alguien me caiga bien. No me gustan las personas, no me fío. Pero Miguel es francamente agradable. Envidio su sonrisa ancha. Me gusta, también, su perra. Se llama Lorca. Lorca tiene que ser una excepcional compañía. La he visto esperar bajo la lluvia, tranquila y sin quejarse, mientras Miguel vendía sus últimos poemas.

Me quedan 10 euros en la cartera. Si el tiempo no mejora tardaré mucho en poder llenarla. Por eso pienso en ese grupo de andaluces y la oportunidad que he perdido. Pero quizás esta tarde pueda sacarme algo. Depende del cielo. Lo miro, sigue mudo…

Hace 15 minutos que Miguel debería haber llegado. Por eso no me gusta prestarle mi cámara a nadie. Me pongo nervioso, me da mala espina. No he robado, no he tenido que pedir… Todo gracias a ella. Mi vieja cámara. Se llama Holy. No fui yo quien le puse el nombre. Fue Nai quien la bautizó.. Al principio yo me negaba, me parecía una chorrada. Pero me acostumbré. Ahora se llama Holy. La vieja Holy de culo polvoriento y rayado. Tiene el ojo vago: Le renquea el obturador. Pero solo lo notas si la conoces y te pasas con la larga exposición. Pero con los turistas nadie necesita una larga exposición. Holy también tiene una pequeña muesca en la óptica… Una antigua aventura. Pero, bueno, todos los viejos tienen cicatrices ¿No?

Miguel me pidió prestada a Holy. Y yo me sentí como si alguien viniese a pedirme que le prestase a mi amada mujer para un polvo rápido sin condón. No tengo mujer. Pero tengo a Holy. No pensé que me vería nunca en la tesitura de que alguien me la pidiera prestada. Miguel la necesitaba y puso su cara de poeta afligido. Estuve muy cerca de pedirle a Lorca como rehén: Amor por amor. Pero no me dejarían meter un perro tan grande en mi diminuta habitación. Le dije que sí, solo 24 horas. Solo porque Miguel me caía bien. Y creo que él notó mi nerviosismo. Prometió que estaría aquí. Ya se retrasa 29 minutos.

Veo a Lorca antes que a Miguel. Respiro profundamente por primera vez en todas estas largas 24 horas. Me pongo de pie al momento, algo torpe. Sin el peso de Holy en el cuello me siento incómodo, desnudo. Miguel llega apurado y disculpándose desde lejos por el retraso. Ya no me importa el retraso. Solo quiero sentir mi cámara en las manos. Es lo primero que hace, incluso antes de saludar: Me devuelve a Holy. Yo la miro. No quiero ser maleducado pero lo único que quiero es darle una vuelta tras otra, probar cada botón y ajuste, contar los rayazos de la pantalla… Comprobar que está bien.

Controlo el impulso e intento entender lo que Miguel me dice. Está agradecido. Holy se ha portado como una campeona. Miguel es poeta. No es fotógrafo. No puede saber si mi Holy se ha portado bien. Finjo agradecerle el comentario y le quito importancia al favor. No sé qué necesitaba Miguel de mi vieja cámara. No voy a preguntarle. No me importa y no quiero imaginarme a Holy sufriendo en las manos de alguien que no la entiende.

Lorca me lame la mano, exigiendo mi atención. La acaricio, es un animal bello como pocos. Miguel me cuenta que, pronto, harán una Jam sesion de música y poesía. Me invita. Me pide que vaya y saque las fotos. “Ya me dirás día y hora.” Le digo. Pienso en preguntarle qué opina él de la lluvia… ¿Vendrá? Pero me callo.

El poeta me pregunta por el chico. Siempre pregunta por él: ¿Y el chico? Me dice. Yo siempre contesto: “Por ahí”. Me gusta Miguel. Nadie pregunta nunca por el chico. Él sí y es un detalle. “Es un buen chico” suele decir. No es verdad. Pero Miguel es un buen tipo. Uno de esos a los que les gusta pensar bien de los demás. Aunque estos sean unos gamberros egoístas y violentos. Pero en la vida no hay solo buenos chicos y está bien así.. Yo tampoco lo soy. Miguel sí, Miguel lo es. Por eso le he dejado a Holy.

El cielo y el mar siguen grises. La humedad se nos pega a la piel, tan cerca de la costa. Pero no hay atisbo de la condenada lluvia.

Aprovecho que Miguel habla y no me mira para revisar a Holy. Saco un pañuelo y la limpio minuciosamente.Es algo que hago cada día. Todavía recuerdo la deprimente noticia de que mi cámara tenía fecha de caducidad y que no importaba demasiado cuánto la cuidase. Número limitado de disparos. Una sentencia de muerte. Podría saber cuántos disparos llevaba hechos mi Holy y cuántos le quedaban… Pero no quería ni quiero saberlo. Un día Holy, simplemente se parará. Imagino que será justo antes de sacar una foto. Quizás una importante, quizás una de cualquier turista anónimo. Apretaré el disparador y no sonará el familiar “Chas” que anuncia el cierre del obturador. Seguro que hará un click vacío como el de las pistolas sin munición que se escucha en las pelis. Y ese click será un telón que cae. Será el adiós de mi vieja Holy. Y será el comienzo de una situación muy complicada para mí.

Desmonto el objetivo y le digo en silencio: “Aguanta algo más, no me falles mañana, pequeña.”

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