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Escenas de Pan Relatos.

Nein entre las manos

Pan y yo nos mirábamos con Nein entre las manos. Estábamos sentadas en el suelo de una librería y el tiempo parecía sostenido, cuidadosamente detenido en el exacto instante en el que Pan me miraba y yo miraba a Pan.Me sonreía entre página y página y yo trataba de tragar saliva sin gemir. La mirada de Pan en ocasiones como aquella era tan poderosa como para detener el mundo y sostener el tiempo mientras Nein descansaba entre sus manos.

Pan leía en alto, esperaba mi reacción y yo la miraba y soñaba. La doctrina del no, Kafka y Jarosinski. Me resultaba imposible entender lo que decía, sus labios se movían y me hipnotizaban la piel. La mente reposaba en sus manos. Porque Pan siempre ha tenido esa magia capaz de hacerte olvidar hora, lugar y propio nombre.

Más tarde Pan y yo nos mirábamos con Nein entre las manos, sentadas en el sofá de V. Ella leía y me hablaba, leía y me hablaba: La doctrina del no, Kafka y Jarosinski.

Hace un rato que Pan se fue. Pero el tiempo parece seguir suspendido en el espacio vacío de sus labios abiertos.Quizás deba volver a su boca a recoger al tiempo, no vaya a ser que no vuelva nunca a su lugar. Si es que el tiempo tiene un lugar. Un lugar que no sea la boca de Pan. Aunque seguramente este sea su único lugar.

Pero no pensaba en eso mientras Pan y yo nos mirábamos con Nein entre las manos. Dudo que pudiese pensar en ese momento. Creo que solo me dejaba sostener suspendida junto al tiempo. Como una marioneta blanda, como un girasol arrancado que hace de cetro mientras otro entona un sermón frente al alma de alguien que escucha.

V se rió de mí cuando Pan se fue. Puedo entender las carcajadas. Creo que es ella quien no lo entiende. Verme obnubilada por un ser humano ha de ser gracioso a pura fuerza. Pero es que la doctrina del no, Kafka y Jarosinski. Por no hablar del tiempo suspendido y de Nein entre las manos. Son cosas que no se entienden. Son cosas que se escapan. Salvo que tu alma baile al tempo de esta asincrónica locura que es Pan en mi vida desde que apareció a mi lado allí, en un pueblo marinero.

Pero la cuestión es que Pan y yo nos mirábamos con Nein entre las manos y el tiempo era secuestrado por sus labios para quedarse sostenido allí para siempre. Y yo debería ir a recogerlo pero soy cobarde. Pan no. Pan es valiente. Pan es tan osada que secuestra al tiempo y sonríe y me dibuja alas en la espalda. Y yo ya no sé si mi doctrina es la doctrina del no o si soy Kafka o si Jarosinski es mi mejor canción.

Ahora que Pan se ha ido y V se ríe de mí me da por pensar en el primer día cuando Pan y yo sonreíamos con una copa entre las manos y el tiempo se quedó sostenido en la línea del amanecer, mientras hablábamos de las sinoides, la tierra y Dostoyevski. Pero esa es otra historia, que se merece empezar in media res y no así.

Todo el mundo sabe que las historias in media res son mejores y que el tiempo se suspende donde quiere y que entre las manos cabe el mundo. Incluso cuando uno se mira con otro. Incluso aunque la doctrina del no, Kafka y Jarosinski.

Desde que V ha dejado de reírse pienso que de ser yo valiente podría escribirle a Pan una carta para hablarle de los puntos suspendidos, de los puntos suspensivos. Podría empezar así: “Oye, Pan, creo que el tiempo se ha quedado suspendido en tus labios y deberías devolverlo a su lugar…” O podría empezar in media res: “Pan y yo nos mirábamos con Nein entre las manos…”

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